Arturo Gatti y Micky Ward protagonizaron una trilogía encarnizada infravalorada

arturo gatti

Arturo Gatti y Micky Ward dejaron el alma arriba del cuadrilátero por mera dignidad y quizás se les recuerda por su encarnizada trilogía, más no reciben el reconocimiento que merecen.

Entre las razones, posiblemente el formato a 10 asaltos no va acorde a peleas de semejantes dimensiones o que no había en exposición un campeonato. Lo cierto es que, debido a la violencia y por su propia salud, ellos fueron los más beneficiados.

Morales vs Barrera, Leonard vs Duran, Fury vs Wilder en tiempos recientes, pero rara vez algún aficionado me comenta que recuerda Gatti vs Ward.

¿Qué pasó en aquella trilogía poco recordada?

Round 1: Para Arturo Gatti, Choque Inesperado

En un rincón del Mohegan Sun Casino, el aire vibraba con la tensión. Arturo Gatti, el italiano con puños de acero, se enfrentaba a Micky Ward, el irlandés incansable. El favorito era Gatti, pero Ward tenía otros planes.

Golpes se cruzaban como relámpagos, y en el noveno asalto, Gatti cayó a la lona. Ward lo tenía contra las cuerdas, pero la campana sonó, salvando al italiano de un KO seguro. La resistencia de Gatti era inquebrantable.

“Salvado por la campana”, pensó Gatti, mientras su rostro sangrante se alzaba para el último asalto.

Round 2: La Revancha

En el Boardwalk Hall de Atlantic City, la multitud rugía. Gatti y Ward se encontraron nuevamente. Los primeros rounds fueron un torbellino de golpes, pero en el séptimo, Gatti desató su furia. Uppers impactaron la barbilla de Ward, quien se tambaleó pero no cayó. El cierre fue épico. Gatti ganó por decisión unánime, y la rivalidad se intensificó.

“¿Una tercera pelea?”, se preguntaron los fanáticos.

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Round 3: El Duelo Definitivo

El Madison Square Garden temblaba. Gatti y Ward se pararon frente a frente por última vez. Golpes volaban como hojas en una tormenta. Ward, exhausto pero valiente, y Gatti, con la mirada fija en la gloria.

El público estaba al borde de sus asientos. En el décimo asalto, Gatti conectó un gancho devastador. Ward cayó. La cuenta regresiva comenzó. Pero Ward se levantó, como un guerrero ancestral. La decisión fue unánime: Gatti ganó, pero ambos se abrazaron, sabiendo que habían creado algo más grande que ellos mismos.

“Nunca olvidaré esta trilogía”, murmuró Arturo Gatti.

Y así, la leyenda de Gatti vs. Ward quedó grabada en la historia del boxeo. Dos hombres, tres peleas, una amistad forjada en el fuego del ring. Su coraje y corazón resonarán por siempre aunque muchos no la recuerden por no disputarse un título mundial.

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